
La producción cultural y artística ha tenido, en el transcurso de la historia del hombre, miles de caminos para atravesar el espacio que separa al artesano y al artista del destinatario final. A veces montó la palabra hablada, sencillamente, o cruzó el aire envuelta en notas musicales. Otras se plasmó sobre papiros, pergaminos, láminas de seda, varillas de bambú, paredes de piedra, lienzos, placas de arcilla o huesos. Más tarde el soporte fue el papel, o el vinilo y la cinta magnética, y luego se convirtió en ráfagas de códigos binarios transmitidas a través del mundo como flashes de luz.
Fuese como fuese, el objetivo principal era construir y sustentar la mágica relación establecida entre el autor (escritor, dibujante, músico, narrador, profesor...) y su público. Todas las estructuras que se fueron creando alrededor de dicha relación resultaron, a la postre, ser accesorias; lo importante era que el vínculo entre creador y receptor permaneciera, se asegurara, se desarrollara, floreciera.
A lo largo de mi vida he ido adquiriendo un puñado de destrezas que me permiten dar a luz mi trabajo teniendo en cuenta un espectro interesante de perspectivas. Desde mi punto de vista actual, una novela no incluye solamente historias que contar: posee sonidos, colores, formas, ritmos. Una canción, por su parte, tiene una historia detrás, y lleva asociadas una serie de imágenes muy vivas, inspiradas por la música. Un diseño o una fotografía convocan también sus propias narraciones y sus propias melodías.
Y cuando soy tan afortunado como para que una historia me elija como su narrador, o una canción como su intérprete, o una imagen como su descubridor, o una idea como su docente, siento la necesidad de ser fiel a lo que esa historia, esa canción, esa imagen o esa idea me piden, y de expresarlas y transmitirlas tal cual las siento. Con todo lo que conllevan e implican.
Sacar adelante tales proyectos no siempre es fácil. Resulta complejo, multifacético, utópico incluso. Y de acuerdo a qué canales se elijan para poner esos contenidos en manos del público, hay cosas que pueden hacerse y hay otras que resultan prácticamente imposibles. Pues el ser humano es muy ingenioso a la hora de ponerse límites y barreras a sí mismo. O de ponérselas a sus congéneres.
Personalmente, a estas alturas de mi recorrido no me seduce enfrentarme a cadenas ni a “imposibles”. Si algo me ha enseñado la vida es que puedes decidir lo que quieres hacer o esperar a que otros te lo den decidido.
Por ende, he elegido editar, publicar, promocionar y difundir mi trabajo por mi cuenta (y riesgo). He descubierto en ello muchos inconvenientes a solucionar, pero también una libertad que me permitirá hacer lo que desee, como y cuando lo desee, respetando siempre mis gustos y mis motivaciones. Algo que encuentro maravilloso.
Lo que intento con este conjunto de blogs entrelazados es hacer llegar mi trabajo al público interesado de manera directa, tal y como fueron pensados y construidos. Dado que he sido diseñador gráfico y de blogs, corrector editorial, bibliotecario, músico y escritor (ver), dispongo de los conocimientos técnicos necesarios para poder autoeditar mi trabajo, publicarlo y difundirlo. He puesto mucho esfuerzo para que llegara a manos de los destinatarios finales en condiciones óptimas. He cuidado el diseño, la presentación, la calidad, la accesibilidad y la variedad de formatos. Y, por supuesto, me he preocupado por los contenidos.
Ofrezco gran parte de mi producción de forma totalmente libre y gratuita. Cualquiera puede leer o escuchar el resultado de mi trabajo, porque como escritor me interesa ser leído y como músico, ser escuchado. Como profesional de la bibliotecología y las ciencias de la información quiero difundir lo que he aprendido de mi experiencia de trabajo. Como diseñador, promocionar mi actividad. Y como persona, poder dar mis opiniones.
Al compartir de este modo el material intelectual y artístico que vengo produciendo, consigo que lo que hago llegue a quien yo quiero que llegue, de la forma en que yo quiero que lo haga. En eso, precisamente, radica el desafío de esta aventura con forma de red de bitácoras: en ser un poquito más libre, y un muchito más responsable de mis actos y sus consecuencias.
Pero además de compartir, dirijo y realizo actividades tales como conciertos didácticos, talleres, conferencias, charlas y cursos, o trabajos de edición, diseño gráfico y creación de e-books. A través de tales tareas enseño lo que sé o lo aplico para terceros. En cada bitácora de la red hay un vínculo que permite conocer qué es lo que propongo en cada campo (bibliotecología, literatura, música y diseño). Esas actividades son las que me han permitido y me permiten continuar adelante escribiendo, componiendo e investigando.
Que es, a fin de cuentas, lo que realmente me hace seguir enamorado de la vida.
Fuese como fuese, el objetivo principal era construir y sustentar la mágica relación establecida entre el autor (escritor, dibujante, músico, narrador, profesor...) y su público. Todas las estructuras que se fueron creando alrededor de dicha relación resultaron, a la postre, ser accesorias; lo importante era que el vínculo entre creador y receptor permaneciera, se asegurara, se desarrollara, floreciera.
A lo largo de mi vida he ido adquiriendo un puñado de destrezas que me permiten dar a luz mi trabajo teniendo en cuenta un espectro interesante de perspectivas. Desde mi punto de vista actual, una novela no incluye solamente historias que contar: posee sonidos, colores, formas, ritmos. Una canción, por su parte, tiene una historia detrás, y lleva asociadas una serie de imágenes muy vivas, inspiradas por la música. Un diseño o una fotografía convocan también sus propias narraciones y sus propias melodías.
Y cuando soy tan afortunado como para que una historia me elija como su narrador, o una canción como su intérprete, o una imagen como su descubridor, o una idea como su docente, siento la necesidad de ser fiel a lo que esa historia, esa canción, esa imagen o esa idea me piden, y de expresarlas y transmitirlas tal cual las siento. Con todo lo que conllevan e implican.
Sacar adelante tales proyectos no siempre es fácil. Resulta complejo, multifacético, utópico incluso. Y de acuerdo a qué canales se elijan para poner esos contenidos en manos del público, hay cosas que pueden hacerse y hay otras que resultan prácticamente imposibles. Pues el ser humano es muy ingenioso a la hora de ponerse límites y barreras a sí mismo. O de ponérselas a sus congéneres.
Personalmente, a estas alturas de mi recorrido no me seduce enfrentarme a cadenas ni a “imposibles”. Si algo me ha enseñado la vida es que puedes decidir lo que quieres hacer o esperar a que otros te lo den decidido.
Por ende, he elegido editar, publicar, promocionar y difundir mi trabajo por mi cuenta (y riesgo). He descubierto en ello muchos inconvenientes a solucionar, pero también una libertad que me permitirá hacer lo que desee, como y cuando lo desee, respetando siempre mis gustos y mis motivaciones. Algo que encuentro maravilloso.
Lo que intento con este conjunto de blogs entrelazados es hacer llegar mi trabajo al público interesado de manera directa, tal y como fueron pensados y construidos. Dado que he sido diseñador gráfico y de blogs, corrector editorial, bibliotecario, músico y escritor (ver), dispongo de los conocimientos técnicos necesarios para poder autoeditar mi trabajo, publicarlo y difundirlo. He puesto mucho esfuerzo para que llegara a manos de los destinatarios finales en condiciones óptimas. He cuidado el diseño, la presentación, la calidad, la accesibilidad y la variedad de formatos. Y, por supuesto, me he preocupado por los contenidos.
Ofrezco gran parte de mi producción de forma totalmente libre y gratuita. Cualquiera puede leer o escuchar el resultado de mi trabajo, porque como escritor me interesa ser leído y como músico, ser escuchado. Como profesional de la bibliotecología y las ciencias de la información quiero difundir lo que he aprendido de mi experiencia de trabajo. Como diseñador, promocionar mi actividad. Y como persona, poder dar mis opiniones.
Al compartir de este modo el material intelectual y artístico que vengo produciendo, consigo que lo que hago llegue a quien yo quiero que llegue, de la forma en que yo quiero que lo haga. En eso, precisamente, radica el desafío de esta aventura con forma de red de bitácoras: en ser un poquito más libre, y un muchito más responsable de mis actos y sus consecuencias.
Pero además de compartir, dirijo y realizo actividades tales como conciertos didácticos, talleres, conferencias, charlas y cursos, o trabajos de edición, diseño gráfico y creación de e-books. A través de tales tareas enseño lo que sé o lo aplico para terceros. En cada bitácora de la red hay un vínculo que permite conocer qué es lo que propongo en cada campo (bibliotecología, literatura, música y diseño). Esas actividades son las que me han permitido y me permiten continuar adelante escribiendo, componiendo e investigando.
Que es, a fin de cuentas, lo que realmente me hace seguir enamorado de la vida.
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